Máscaras: la tuya, la mía y la nuestra.

“Dale una máscara a alguien y mostrará su verdadera personalidad.”

Probablemente recuerdes que una frase similar a esa, la dijo el controversial “Guasón” en “Batman: el caballero de la noche” y  la verdad es que nada más acertado que eso.

Cuando se acercan  esas épocas del año, donde los disfraces son esenciales, muchos aprovechan de ser lo que quisieran pero por diversas  razones no se atreven, cualquier disfraz o máscara, refleja algo que nosotros mismos no nos atrevemos a revelar en nuestro día a día.

A lo lardo de los años, las personas utilizan disfraces para divertirse (por un lado) pero también están aquellos que hacen uso de estos disfraces para tomarse libertades en todos los sentidos, liberan sus deseos reprimidos, sus impulsos y hasta cometen crímenes. 

Los disfraces permiten modificar nuestra realidad para realizar un sueño. El pobre se puede convertir en príncipe, el bueno en demonio, el blanco en negro y viceversa, y el hombre en mujer o al revés. Las personas encarnan aunque tan sólo sea por unas horas, la vida de aquellos personajes que siempre les hubiera gustado ser.


En ocasiones no necesariamente se usa el disfraz de un personaje únicamente, simplemente nos basta con convertirnos en QUIEN SEA, con tal de no ser nosotros mismos por un día. 

El término “persona” proviene del latín persōna, y éste probablemente del etrusco phersona lo cual significa ‘máscara del actor’/‘personaje’, basándonos en esta explicación, a  lo largo de nuestra vida nos relacionamos con personas, es decir, con máscaras, nunca exhibimos lo que realmente somos o queremos, e irónicamente acudimos al uso de máscaras y disfraces para lograr reflejar lo que siempre hemos sido pero que hemos escondido.
Las máscaras nos dan una falsa seguridad.

Sin embargo, las ‘máscaras’ también las usamos para esconder lo que somos (y ya para este punto, no estoy hablando de máscaras de Halloween o Carnaval) sino de esas máscaras que vestimos a diario, para esconder nuestras debilidades, para evitar que otros vean  nuestros miedos e incluso para lograr la aceptación por parte de otros.

La única manera de lograr mostrarnos tal cual como somos, sin máscaras, sin ataduras, sin límites y sin impedimentos es conociéndonos a nosotros mismos, aceptando nuestras debilidades, pero no limitándonos a ellas y por sobre todas las cosas: reconocer nuestras virtudes, evitar los puntos de comparación y ser la mejor versión de nosotros mismos.


¡Usa las máscaras como diversión, no como estilo de vida!
Dale valor a tu propio YO.


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