Viajando por... el norte de Marruecos

Fotografía de Felipe Larraz Yturriaga

Dice un proverbio árabe que "las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan" y Marruecos deja huella.
 Tan cerca y tan lejos a la vez. País de cultura y tradiciones milenarias.

Un país lleno de contrastes donde conviven ciudades modernas, de espléndidos hoteles, rascacielos y tiendas de lujo con un país muy apegado a las tradiciones, profundamente musulmán y unas formas de vida que en ciertos lugares no han cambiado desde la Edad Media.

La ruta que hoy nos ocupa es por el norte, alrededor de la Cordillera del Rif. Una ruta colorida, diferente, autentica, bulliciosa y estimulante que se puede hacer fácilmente en 4 días. ¿Preparado?

-Primer díaTánger : nuestra ruta comienza en la costa oeste del estrecho de Gibraltar.
Para llegar a Tánger hay dos métodos: ferry o avión. El aeropuerto de Tánger está alejado de la ciudad, la mejor manera de llegar a la ciudad es viajar en taxi, acordando primero el precio del trayecto con el taxista. No hay que apurarse con el idioma, aunque las lenguas oficiales son el árabe y el francés todo el mundo habla o chapurrea el español.

En Tánger existen numerosos hoteles y pensiones, pero para vivir una experiencia más autentica nada como un riad, casa tradicional marroquí estructurada alrededor de un patio con jardín. 
Uno de los más bonitos es Dar23. Este riad, situado en lo más profundo de la medina, está tan mimetizado con el ambiente que no existe cartel o algún otro distintivo de la existencia de un hotel. No hay que asustarse cuando sobre las 05:30 am te despierta unos cánticos, es la llamada a la oración. Perfecto para los que buscan conocer un país desde dentro y huyen de los hoteles para turistas. Dispone de 3 habitaciones con una decoración cuidada y exquisita y una terraza donde se sirve el desayuno y se disfruta de una vista panorámica de la ciudad. Además su dueño, Peter, encantador y amabilísimo, te dará los mejores consejos sobre que ver y que hacer. (23 rue Las Once).






Tánger es un ciudad luminosa y con gran influencia mediterránea. Enclave comercial y refugio de artistas como Matisse o Delacroix, que llegaron a esta ciudad atraídos por la luz y los colores que emana la ciudad. Es una ciudad tranquila, en la que pasear sosegadamente, empapándote de su esencia. No es París, Madrid o Roma, ciudades con miles de monumentos o museos. Aquí no hay mucho que ver, ya que en Marruecos en las mezquitas está prohibida la entrada a los no musulmanes. Como uno conocerá Tánger será callejeando (y perdiéndose) por las callejuelas estrechas, asfixiantes y laberínticas de la medina. 
Una visita de una día podría bastar para conocer la ciudad. Empieza visitando la Place du 9 avril 1947 o Grand Socco. Esta plaza es la unión entre la medina y la ciudad moderna. Los jueves y los domingos se trasforma en un mercado donde las campesinas visten trajes tradicionales con enormes sombreros de paja con borlas de lana. Desde ahí, pasando por una gran arco se accede al Zocco chico o Petit Socco,  una pequeña plaza situada en la medina . Se llega a ella directamente desde la plaza del Gran Zoco por la rue Semmanne y después la rue Siaghine. Se trata de un lugar magnífico para pasar el rato tomando té y observando la forma de vida y las costumbres de los habitantes de esta hechizante ciudad. El Zoco Chico está rodeado de hoteles, restaurantes y cafés. Es una plaza mítica de la ciudad cargada de leyenda, ya que se cuenta que aquí se sentaban los escritores y artistas como William S. Borroughs, Allen Ginsberg o Camille Saint-Saëns para encontrar inspiración donde perderse por las encantadoras calles y hacer unas compras. 

Zocco Grande o place du 9 avril 1947

Bajando desde la mezquita de de Sidi Bu Abid  se llega a la Mendubia, la residencia del mendub, encargado de vigilar para el sultán a las potencias extranjeras durante la época en que Tánger era zona internacional y que en la actualidad es un tribunal.

Mezquita Sidi Bu Abid
Desde una calle paralela se accede a la Gran Mezquita de Tánger. Enfrente hay una iglesia de origen español.
Gran Mezquita
Caminando por la calle Dar el Baround llegamos a la Kasbah, antigua fortaleza que domina la medina. En ella se encuentra el Dar el Makhzen, antiguo palacio del gobernador construido por orden de Mulay Ismail en el siglo XVII, sede actual de el Museo de Artes Marroquíes. En la plaza principal de la Kasbah, meshuar, se levanta la Mezquita Bit El-Mal con su minarete octogonal. Cerca de allí se encuentra la puerta de Bab el Assa, decorada con madera, mosaicos y estuco.
Dar el Makhzen

Bab el Assa
Pasando por Puerta de Bab Erraha se llega a un mirador con unas vistas espectaculares del puerto de Tánger. Este es el punto más cercano a España. 35 kilómetros en linea recta.



Y sin darnos cuenta llega la hora de comer. La gastronomía marroquí merece un apartado por si solo. 
Como entrantes las ensaladas son una muy buena opción. Una sencilla ensalada de tomates y pimientos tiene un sabor particular gracias al kamun, una planta aromática que corresponde a nuestro comino.´Fundamental probar el Cuscús, el plato nacional por excelencia (el de pollo con limón es de los más sabrosos). Otro plato típico es el Tajine, que se sirve en un recipiente redondo, de barro barnizado, cubierto por una tapadera puntiaguda que encaja perfectamente, de tal manera que sirve para cocinar, y mantener caliente la comida. Los más habituales son de verduras, pescado o carne. También hay que probar la Pastilla, un gran pastel de pasta de hojaldre con almendras, relleno de palomo picado o pollo y espolvoreado ligeramente con azúcar y canela. Dos restaurantes donde degustar comida tipica marroqui son el Restaurante Marhaba (67, rue de la Kasba) y Restaurante Hamadi (2, rue de la Kasbah). Además en estos dos restaurantes hay música en directo. Unos 15 euros por persona.
Restaurante Hamadi
Después de la comida es la pausa perfecta para tomar un té a la menta, la bebida nacional marroquí, símbolo de hospitalidad, que  sera ofrecida al viajero siempre que entre en una casa o tienda. Y no hay mejor lugar para tomarlo que la terraza del riad Dar Nour, con toda la decoración en tonos azules y unas vistas espectaculares de la bahía de Tánger(20, rue Gourna, Kasbah)



Después de esta merecida pausa lo mejor es encaminarse hacia la ciudad nueva, la parte más moderna de la ciudad se abre con el Boulevard Pasteur que nace en la Plaza de Francia donde se construyó el Consulado de ese país. A los lados de este boulevard se encuentran edificios de este siglo ocupados por bancos y tiendas de lujo y finaliza en el Boulevard Mohammed V. A dos pasos del Café París, se encuentra el mirador conocido por el nombre de la "muralla de los perezosos". Es llamado así porque siempre hay gente sentada allí contemplando al mar con la mirada puesta en el puerto de Tánger y en los barcos que entran y salen. El mirador cuenta con cañones en desuso, que apuntan hacia el puerto. En la calle que une la Plaza de Francia con la Plaza del Zoco Grande se encuentra el Hotel Minzah, realmente hermoso con su patio andaluz, sus salones árabes, fuentes, y jardines.



A la hora de la cena nada como probar el estupendo pescado marroquí. 
El lugar perfecto para eso es el restaurante Saveurs de Poisson. Situado al pie de la escalera donde se inicia el pasaje del Marche de Pauvres. Es un pequeñísimo restaurante amante de la tradiciones. No hay carta ni menú. En el centro de la sala decorada con azulejos hay un gran recipiente de sopa de pescado calentándose permanentemente.  Muy recomendable probar la bebida de la casa. Un brebaje a base de plantas, elaborada con la infusión de catorce hierbas distintas.

- Segundo día. Chefchaouen. Esta ciudad, que se encuentra en las estribaciones del Rif está a 3 horas y media en coche desde Tánger (recordar que las carreteras marroquíes están en un estado deplorable) y si se madruga se puede ir y volver en el día. Para llegar aquí se puede viajar en autobús, en taxi individual donde pactas el precio con el taxista o en taxi compartido (grand taxi): Mercedes Benz color crema en los que compartes taxi con  hasta ¡7 personas! Esto es, dos personas en el mismo asiento del copiloto y en los que seguramente te toque sentarte en las rodillas de alguien. Una experiencia divertidísima y muy auténtica no apta para quisquillosos o sibaritas. Para llegar a Chefchaouen es necesario coger un taxi hasta Tetuán y allí coger otro hasta Chefchaouen.

Una vez en la ciudad tendrás abrir los ojos varias veces porque te asombrará la ciudad. Toda ella esta pintada en todas las tonalidades de azul, (pintado así para ahuyentar a los mosquitos) confundiendo su horizonte con el cielo, creando un aura mágica.






Para comer existen multitud de restaurantes y cafés en la plaza Plaza Uta el-Hammanm. Uno con las mejores vistas es el restaurante Aladin. Rue Targhi, entre la plaza Uta el-Hammanm y la Casa Hassan.

Como curiosidad hablar del kif (no confundir con el hachís), es la hoja del cannabis picada y mezclada con tabaco que se cultiva en las montañas del Rif y que se fuma y se vende con total impunidad.
En Marruecos hay multitud de vendedores y de pillos que acosan hasta la extenuación, pero no sólo para vender droga sino para que entres en su restaurante o tienda. Recordar que es un país muy pobre y sólo buscan como ganarse la vida. Negarse con una sonrisa, mostrar seguridad y ser espabilados son claves para quitárselos de encima.

- Tercer día. Asilah. Otra excursión perfecta desde Tánger. Una ciudad costera con casas blancas, playas interminables, murallas. Un lugar ideal donde desconectar y disfrutar de un pescado y un marisco delicioso.
Increíble despedir el día desde su mirador amurallado.






- Cuarto día. Compras y Hamman.
El último día se puede emplear en hacer unas compras. En Marruecos se puede volver uno loco con las compras por el regateo y porque las tiendas están en los zocos antiguos, con multitud de callejuelas estrechas y laberínticas en las que uno acaba pasando por la misma calle mil veces. El regateo es un arte, la primera regla es que SIEMPRE hay que regatear, hacer ver que no es la primera vez en el país, echarle morro y no mostrase demasiado interesado en un producto son algunas de las reglas más útiles a la hora de enfrentarse a los espabiladisímos tenderos marroquíes.
  • Cuero, el trabajo en cuero es famosísimo en todo Marruecos (de ahí el nombre "marroquinería") y abarca desde babuchas hasta bolsos, cinturones,puf, carteras y chaquetas. Su fuerte olor a cuero indica su calidad y que durará toda la vida.
  • Artesanía de latón. En Marruecos utilizan el latón para fabricar teteras, bandejas, azucareras, candelabros, lámparas adornadas con cristales multicolores, y un sinfín de utensilios. Para que al viajero no le den gato por liebre, golpead con una uña la bandeja sostenida en equilibrio con tres dedos. Si el sonido se apaga enseguida es de cobre, si no, es de bronce.
Fotografía de Felipe Larraz Yturriaga.

  • Alfarería: las vasijas de barro son un buen regalo. Por todas partes se encuentran una gran variedad de lozas y cerámicas.

  • Cosméticos. En la medina existen multitud de herboristerias donde se puede comprar todo tipo de hierbas, especias, aceites, cremas y otro sinfín de productos naturales con diferentes propósitos terapéuticos o de tratamiento, para cocinar, con fines afrodisíacos, para mejorar la estética, tales como el khol, la henna, o el ya famoso aceite de argán. También las esencias y perfumes son rasgo característico de la cosmética marroquí. En las Perfumerias Madini destilan aceites esenciales desde hace catorce generaciones. Sus perfumes son conocidos en el mundo entero. (14, Rue Sebou y 54 boulevard Pasteur)


  • Gastronomía. Para los amantes del buen comer nada como ir a un mercado y degustar la calidad de las verduras marroquíes, los diferentes tipos de aceitunas o higos. Lo mejor para comprar comida es acudir a un mercado, los precios son más baratos y nadie viene a acosar al turista (a diferencia del zoco chico). Marche de Fès, 11 rue de Fès y Marché des Pauvres son de los mejores. ¡Y como no los dulces! Imposible resistirse a ellos. Existen una gran variedad de tipos y variantes. Los más conocidos son los cuernos de gacela, los briuats de miel y almendras, los ghoriba de almendras o semillas de sésamo, los mhanncha ( una especie de serpientes enrolladas y cubiertas de canela), los shebbakia (cintas de pasta fritas con miel caliente y semillas de sésamo tostadas), los ktéfa, ( hojas de uarka superpuestas en capas con almendra molida, sobre las cuales se vierte, antes de servir, un poco de leche fresca o crema pastelera) Lo dicho: ¡imposible resistirse!



Después de una mañana de compras frenéticas nada como relajarse en un Hamman. Hay que evitar los hammans de los hoteles turísticos, ya que no tienen nada de auténtico y jamás encontraras a un marroquí. Lo mejor es preguntar en el hotel y vivir la experiencia de ir a un hamman donde vaya la gente local. Están separados por sexos. Generalmente, los hombres se bañan por la mañana y las mujeres por la tarde. Al entrar en el hamman un golpe de calor  sacude al visitante pero después de un par de minutos se acostumbra sin problemas. Existen 3 salas. La sala del fondo es la más caliente y va en disminución en las dos siguientes. El hamman consiste en refrescarse  con dos cubos y una tassa (recipiente de plástico para echarse agua) se van llenando de agua fría y caliente. Lo ideal es contratar también la exfoliación y el masaje. Hay que acudir con la mente abierta y sin prejuicios, ya que la gente en la mayor parte de los casos se encuentra total o parcialmente desnuda y al contratar la exfoliación la persona responsable te lava por todas partes sin ningún tipo de pudor. El siguiente paso es la aplicación del Beldi (un jabón de color negro hecho hecho de aceite de oliva negra y con propiedades exfoliantes naturales importantes). El Beldi se aplica generosamente a la piel, se deja actuar unos 10 minutos y la piel está preparada para una exfoliación intensa con el guante negro o kassa. La exfoliación no es un camino de rosas,  para que sea efectivo hay que frotar enérgicamente hasta que salen rollitos de piel muerta. Un masaje relajante con aceite de argán es el punto final perfecto. ¡Nunca verás tu piel tan suave!
El hamman es el contrapunto perfecto para terminar un viaje por un lugar mágico, encrucijada de civilizaciones y punto de unión entre África y Europa, recordándonos que nunca estuvieron tan cerca como aquí.
Viajando por... el norte de Marruecos Viajando por... el norte de Marruecos Reviewed by Daniel Delgado on 16:00:00 Rating: 5

1 comentario

  1. Más fotografías del viajero y fotógrafo Felipe Larraz Yturriaga en http://www.flickr.com/photos/felipelarraz/

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